sábado, 5 de mayo de 2012


Cada vez que una historia empieza a escribirse, los dioses murmuran en sus asientos si por casualidad esa pequeña personita de ahí abajo no estará jugando a algo que, por especie o estamento, no le corresponde. Y mientras las letras se suceden formando palabras, y estas a su vez se organizan en oraciones que, reunidas en asamblea general, deciden exponer una idea que ronda en el espacio invisible esperando a que algún ser sensible la recoja y canalice... yo, tan diminuto e inacabado, imperfecto y soñador, siento que esta prosa que tantas veces me ha acompañado, vuelve a volar hacia ti.

Apenas, apenas te conozco, y tanto... hay tanto que sé de ti. Puedo saber lo que sientes, cuando hablas de lo que tanto te duele... Creo que sabría cómo hacer que esa sombra que sigue pegada a tu cuerpo,  y que no es tu sombra, cediera dos pasos de distancia y pudieses al fin andar libre, sin miedo a la pérdida. Tan libre, como siempre has sido...
Y sé a ciencia cierta que podría llegar a desdoblar mi vida por hacer que la tuya fuese doblemente plena. Romper de una vez los lazos que atan a los prisioneros; que, como en el poema, los barrotes de las celdas se vuelvan de azúcar, o se curven de piedad. Y que las bocas que nos alimentan vuelvan a ser nuestras para besar y sonreír, para gritar al viento como nunca antes, y poder vivir salvajes entre bosques y océanos.

Lo más grande y mágico de contar una historia, es saber y ser consciente de que ahora mismo, en vivo y en directo, algo ahí fuera está sucediendo, poder imaginar que alguien, oh Fortuna, está contando nuestra historia, como en un juego de espejos.
Ansío saber en qué capítulo, tu y yo, volveremos a vernos.

GARABATOS DE AMOR Y REVOLUCIÓN.




lunes, 28 de febrero de 2011

Sé que a veces soy un poco absurdo escribiendo. Tal vez sea por equilibrar la balanza de seriedades diarias a las que me veo abocado en esta vida tan extraña. A veces quiero viajar, recorrerme el mundo con la mirada durante todo el tiempo que viva, pero sigo en este sofá pegado absurdamente y acabo escribiendo, por extensión, estupideces. Jo, qué raro soy, como diría Siniestro Total.
La verdad es que no soy tan raro, millones y millones de congéneres de nuestra absurda especie se sienten igual que yo o casi. Es una suerte de soledad, cómo no, absurda, ya que todos nos sentiríamos más acompañados si por lo menos tuviésemos el valor de decir que estamos más solos que la una. ¿La una está sola? ¡Qué tontería! Es como cuando entras en un sitio en el que no hay nadie y dices "aquí no ha venido ni el Tato". ¿Pero quién cojones es el Tato? En fin, Serafín.
Envidio y aprecio a la gente que ve cosas diferentes todos los días. Yo debí de ser así alguna vez, quizá con cuatro años. Pero no me encuentro mal ahora. Todo es más tranquilo. Quizá no tenga que buscar más allá de este sofá y esta pantalla de ordenador. Hasta mañana.

ABSURDO.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Desde pequeño siempre he soñado con destrozar televisores. Nunca lo he hecho, por ahora. Veía la tele, mucho, casi a todas horas, no llegaba a ser como aquel niño de la serie que veía pelis en blanco y negro sin hacer caso de su responsable madre americana, pero la veía mucho. A diferencia de los puretas, yo sí odio el blanco y negro.
Ahora que vivo solo tengo la tele de adorno en una mesa del salón. Tengo que confesar que solo veo Gran Hermano.
La cuestión es que no consigo despegarme de ella. La quiero así, apagada, recordándome lo feliz que estoy siendo mientras no estoy manipulado por ella ni sus gritos ni sus historias truculentas cada día a todas horas y veas lo que veas. Son historias absurdas y fuera de la realidad, por lo menos de MI realidad, que es al fin y al cabo la que importa.
Me siento tan bien con su compañía, que creo que nunca podría deshacerme de ella, cuánto menos podría yo darle un martillazo ni tirarla por el balcón. Me gusta su pantalla gris oscura y sus acabados metálicos más bien retros y sus formas redondeadas. ¡Abajo las pantallas de plasma! Ahí no hay donde agarrar.
Me gusta su silencio y su sola presencia oscura. No discute, no da la brasa. Me encanta. Solo falta que me ayude a pagar el alquiler.

ELLA ES MI TELE.

lunes, 24 de enero de 2011

Nada puedo decirte que te interese, salvo que te quiero.

Lo peor de vivir solo es tener que doblar sin ayuda las sábanas más grandes de la casa, esas que salen de la cama que usas, ensucias y calientas únicamente tú y que tiene a bien llamarse cama de matrimonio aunque este término te recuerde más a la cama de tus padres que a la tuya propia y es triste. Vamos, que el matrimonio de mis padres es bien bonito y mucho que me gusta aunque a la vez me da como un repelús cuando lo pienso a veces y digo, joder, con lo fácil que parece y ya llevan durmiendo juntos varios decenios.

Hola, he instalado Internet y te hablo a ti pequeño ser al que no puedo ver ni oir pero al que envío desde este mi asiento de sofá la más cálida de mis miradas. No voy a pedir perdón por las faltas de ortografía porque no cometo ni una y me honra aunque a la vez me da un asco supino haberme aprendido de manera tan autómata esta suerte de signos tan soez y ruda y que tiene a bien llamarse lenguaje, al que es curioso, podríamos también llamar mentira (pues lo mejor que tienes por decir siempre va implícito). Jamás he podido expresar con palabras lo más grande que siento... ¡burda falacia idiomática! Ocultamos, engañamos, enrevesamos, verbalmente nos violamos. Decimos lo que nunca habríamos dicho de ser totalmente libres.

Oh... es bueno saberlo... yo no soy libre, ni tú ni nadie, eso hace tiempo que se acabó.

Lo siento.

Por eso me gusta cuando escribes, porque haciéndolo te lo crees. Te crees libre. Y si crees ser algo, por extensión, ya lo eres.

Créeme cuando te diga que el mayor honor que yo, desde aquí, puedo sentir como persona al escribir estas líneas es el de saber que tú, en este momento, me estás leyendo, saber que por un bello e insignificante instante de tu vida, te estás poniendo en mi piel. Que en este ilusorio e intocable cajón de ideas tu mirada se está deslizando sobre mi para saber que es lo que tengo que decir, aunque nada importe, con la única intención de sentir, por un momento, que estamos conectados.

Nada escribo que importe demasiado. Son so l o   l  e  t  r  a  s     v    a     c     í      a        s.

EMANCIPOTE.

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