lunes, 28 de febrero de 2011

Sé que a veces soy un poco absurdo escribiendo. Tal vez sea por equilibrar la balanza de seriedades diarias a las que me veo abocado en esta vida tan extraña. A veces quiero viajar, recorrerme el mundo con la mirada durante todo el tiempo que viva, pero sigo en este sofá pegado absurdamente y acabo escribiendo, por extensión, estupideces. Jo, qué raro soy, como diría Siniestro Total.
La verdad es que no soy tan raro, millones y millones de congéneres de nuestra absurda especie se sienten igual que yo o casi. Es una suerte de soledad, cómo no, absurda, ya que todos nos sentiríamos más acompañados si por lo menos tuviésemos el valor de decir que estamos más solos que la una. ¿La una está sola? ¡Qué tontería! Es como cuando entras en un sitio en el que no hay nadie y dices "aquí no ha venido ni el Tato". ¿Pero quién cojones es el Tato? En fin, Serafín.
Envidio y aprecio a la gente que ve cosas diferentes todos los días. Yo debí de ser así alguna vez, quizá con cuatro años. Pero no me encuentro mal ahora. Todo es más tranquilo. Quizá no tenga que buscar más allá de este sofá y esta pantalla de ordenador. Hasta mañana.

ABSURDO.

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