Sé que a veces soy un poco absurdo escribiendo. Tal vez sea por equilibrar la balanza de seriedades diarias a las que me veo abocado en esta vida tan extraña. A veces quiero viajar, recorrerme el mundo con la mirada durante todo el tiempo que viva, pero sigo en este sofá pegado absurdamente y acabo escribiendo, por extensión, estupideces. Jo, qué raro soy, como diría Siniestro Total.
La verdad es que no soy tan raro, millones y millones de congéneres de nuestra absurda especie se sienten igual que yo o casi. Es una suerte de soledad, cómo no, absurda, ya que todos nos sentiríamos más acompañados si por lo menos tuviésemos el valor de decir que estamos más solos que la una. ¿La una está sola? ¡Qué tontería! Es como cuando entras en un sitio en el que no hay nadie y dices "aquí no ha venido ni el Tato". ¿Pero quién cojones es el Tato? En fin, Serafín.
Envidio y aprecio a la gente que ve cosas diferentes todos los días. Yo debí de ser así alguna vez, quizá con cuatro años. Pero no me encuentro mal ahora. Todo es más tranquilo. Quizá no tenga que buscar más allá de este sofá y esta pantalla de ordenador. Hasta mañana.
ABSURDO.
lunes, 28 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
Desde pequeño siempre he soñado con destrozar televisores. Nunca lo he hecho, por ahora. Veía la tele, mucho, casi a todas horas, no llegaba a ser como aquel niño de la serie que veía pelis en blanco y negro sin hacer caso de su responsable madre americana, pero la veía mucho. A diferencia de los puretas, yo sí odio el blanco y negro.
Ahora que vivo solo tengo la tele de adorno en una mesa del salón. Tengo que confesar que solo veo Gran Hermano.
La cuestión es que no consigo despegarme de ella. La quiero así, apagada, recordándome lo feliz que estoy siendo mientras no estoy manipulado por ella ni sus gritos ni sus historias truculentas cada día a todas horas y veas lo que veas. Son historias absurdas y fuera de la realidad, por lo menos de MI realidad, que es al fin y al cabo la que importa.
Me siento tan bien con su compañía, que creo que nunca podría deshacerme de ella, cuánto menos podría yo darle un martillazo ni tirarla por el balcón. Me gusta su pantalla gris oscura y sus acabados metálicos más bien retros y sus formas redondeadas. ¡Abajo las pantallas de plasma! Ahí no hay donde agarrar.
Me gusta su silencio y su sola presencia oscura. No discute, no da la brasa. Me encanta. Solo falta que me ayude a pagar el alquiler.
ELLA ES MI TELE.
Me gusta su silencio y su sola presencia oscura. No discute, no da la brasa. Me encanta. Solo falta que me ayude a pagar el alquiler.
ELLA ES MI TELE.
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